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martes, 27 de septiembre de 2011

II MADRID SEGOVIA EN 24 H (V). LA CARRERA COMIENZA EN CERCEDILLA PARTE 2.


COLMENAR-CERCEDILLA
llegando a Manzanares

Las marcas del recorrido son ahora tiras de plástico colocadas en farolas, semáforos y barandillas. No hay mucho problema en seguirlas y apenas se ven ya marchadores. La carrera está muy estirada y ya estoy en solitario, una vez más. La Guardia Civil está en los pasos más críticos para evitar problemas con los vehículos. Un corredor me alcanza GPS en mano.
-Esto está mal marcado, me he desviado del camino y he perdido un montón de tiempo.
Yo ya había decidido hace tiempo bajar un poco la marcha para asegurar y poder disfrutar un poco del recorrido. La primera hora había andado 7 km y a la hora y media llevaba 10 km. Ahora venía la parte del camino que más me desagradaba, ya que lo había realizado en bici con alforjas y fue un auténtico calvario en su día. También el sol se encontraba en su cenit, así que el calor apretaba de lo lindo. Regulando y sin pausa el camino se torna de tierra y en parte es una trialera bicicletera. Aquí decido correr puesto que si no iría reteniendo demasiado y comienzo a adelantar caminantes. Llego al control denominado “puente medieval” que es un puente de paso de la autovía y que es una impresionante obra de ingeniería.
Aquí tomo algo del avituallamiento y me miro los pies. Uno de los calcetines está agujereado en el talón. Adiós a mis calcetines nike de maratón. Tubo de vaselina y calcetines nuevos. Unos lurbel de coolmax finos. “Fabrico” isostar con la última botella de agua fría que me queda y vuelvo a la marcha. El siguiente punto es Manzanares el Real. En unas dos horas llegaré allí, pensé. De momento los pies van bien, no hay ampollas, pero veremos que pasa en el km 40.
Continúa la pista de tierra y después de un perfil de subida, comienza el descenso “trialero” hacia Manzanares. De nuevo desciendo corriendo, para llegar a Manzanares donde han puesto el avituallamiento en una de las glorietas de la carretera. ¡SORPRESA! Plato de pasta y fruta a discreción.
Menos mal, porque echaba de menos el bocadillo que dejé en Colmenar. Muy amables los voluntarios ¿Necesitas ayuda con el plato?
Control de Manzanares

No me gusta parar demasiado, porque es la mejor forma de ir recortando tiempo. Tampoco tengo que esperar a nadie y quiero llegar a Cercedilla de día. Sabía que las ampollas saldrían tarde o temprano, es mi tema pendiente en tiradas por encima de 50 km, así que vuelta al tajo, que para eso he venido. Muchos caminantes se quedan descansando un buen rato. Otros tienen “apoyo externo” de familiares y amigos que les esperan con la nevera y unas sillas.
Avituallamiento sólido

Vamos por la carretera que lleva a la Pedriza. Los domingueros hacen cola para poder entrar ya que a esas horas el cupo de coches ya se ha alcanzado, así que hasta que alguien no salga, no puede entrar otro vehículo.
Tomamos el camino que sale a la izquierda y que está marcado como camino de Santiago oficial. Ahora vamos en dirección el Boalo y las vistas de la Pedriza son impresionantes. Una chica se me acerca corriendo, creyendo que era un compañero de la salida. Lo siento, me he confundido. No pasa nada, mucha gente lleva una mochila Salomon. Un poco más adelante me alcanzan definitivamente. Son Ana y su marido, oriundos de Cádiz y que hacía una semana habían terminado el UTMB. Mi marido ha hecho” la chica” (100km) y yo la UTMB (165km).
Pues yo voy a toda leche y estos chicos, que ya tienen los hijos mayores , marchan perfectamente manteniendo una conversación. -Hemos empezado corriendo pero el Mont Blanc nos ha pasado factura. Vamos a abandonar un poco más adelante. Hemos parado a tomar unas cervecitas y unos pinchos, ya veremos que hacemos.
-Hombre, teniendo al lado de casa la Sierra de Algodonales y habiendo estado en los Alpes, no se que hacéis por aquí.
-Bueno, hemos venido a ver a nuestra hija que vive en Segovia, así que hemos aprovechado para conocer esta carrera.
-Sigo en su buena compañía hasta Mataelpino. La entrada al pueblo nos regala una subida criminal, para llegar a la plaza del ayuntamiento, donde está el avituallamiento.
Aquí hay una fuente con agua bien fresquita de la que tomamos buena cuenta y aprovechamos para rellenar el camelback.
Los voluntarios, una vez más muy solícitos. –No te veo muy decidido, me dicen.
-Pues me estoy planteando descansar un poco aquí o tirar directamente, contesto.
Decido continuar. Me despido de Ana y su marido que muy gentilmente me habían invitado a tomar una cerveza. Nos vemos en Cercedilla.
Ahora la salida del pueblo sube en zigzaz, así que me aseguro de ir comprobando las marcas.
JL, más de 25 años por las carreras de medio mundo

Me alcanza un corredor con la camiseta del Club Tierra Trágame.
-Me llamo José Luis, y tú?
-Yo también, así que somos tocayos.
Comienza el tramo al que yo tenía más miedo,. Finalmente la organización desvía el recorrido por una vía pecuaria que desembocará finalmente en La Barranca, dando una generosa vuelta
-Hay que hacerlo así para alcanzar el kilometraje, me cuenta José Luis., venga, trotamos un poco ¿no? Porque si no se nos van a a agarrotar las piernas.
Curioso, sorprendente y alucinante a la vez. Más de 50 km en las piernas y estamos trotando.
Ya noto algo “raro” en la planta de los pies, pero había que continuar, esperando llegar a Cercedilla antes de la noche.
Es imposible recoger todo lo que este hombre me contó en el tramo en el que coincidimos, ya que llenaría cinco relatos como éste. En su honor queda el título de esta crónica LA CARRERA EMPIEZA EN CERCEDILLA. Pues sí, así es, porque un porcentaje altísimo de abandonos se va a producir allí. Seguimos trotanto en todas las bajadas.
De camino a la Barranca (derecha)

Llegamos por fin a la Barranca, dónde no están los ansiados pasteles del año pasado. ¿no hay pasteles este año? Dice JL
-Yo no quiero parar, le comento, porque las ampollas se están “cocinando”, pero ya no puedo o debo correr para proteger mis plantas de los pies. JL ya va lanzado hacia Cercedilla, así que veo como se aleja poco a poco. Continúa el recorrido por unas pistas con una pendiente de subida espectacular. Para más INRI está llena de ganado que a mi paso decide concentrarse en el camino y me mira con cara de pocos amigos. En la cabeza llevo una fantástica gorra Salomon de color ROJO, a juego con la mochila.
Las vacas no quieren dejarme pasar e incluso hacen amago de embestir, así que tengo que pararme y empezar a hablar a las señoras vacas con tono pausado. Después de cinco minutos de conversación, y bajo una mirada no muy amable, paso entre dos de ellas que tienen a bien no hacer nada.
Con la parada forzada, voy andando con un aire “chiquito de la calzada”, pero no puedo dormirme porque esta parte del camino no la conozco y quiero llegar al avituallamiento lo antes posible. Ahora estoy de bajada por una carretera apenas transitada que desemboca teóricamente en Cercedilla. Ya llevo más de 60 km y me quedan otros 40. De momento el forerunner aguanta con las pilas. Sus teóricas 20 horas van a ser justas para cubrir la carrera.
Otra de las probatinas de esta prueba.
Ahora sale un desvío por un sendero que transcurre entre un pinar. Cómo es cuesta abajo me dejo llevar y vuelvo a trotar. Adelanto a un marchador que va a trancas y barrancas. Nos animamos en la bajada y descendemos ligeritos. Al llegar a una cancela me paro y abriendo la puerta dejo pasar a mi compañero de ruta: -Pasa tú primero, -no no, tú primero .. aghhh! Grita.
-¿Qué pasa? –Nada, otra uña de las grandes que se ha ido
-Y yo me quejaba de las ampollas. Continúo la bajada al trote ya dentro de Cercedilla.
Entro en el polideportivo a las 8:30 de la noche. Sello el control. –La linterna y la luz roja las tengo en la mochila.- Vale, ahora vienes a enseñármelas, me comenta la organización.
Recojo mi mochila, firmo la recepción y voy hacia la zona de duchas. Hay que andar unos 100 metros que se hacen largos a estas alturas de la jornada.
Ya en el vestuario se oye.. NO HAY AGUA CALIENTE. En mi caso es absolutamente irrelevante. Necesito cambiarme de ropa, asearme los pies y hacer una cura si fuese necesario.
Tengo dos ampollas plantares próximas a los dedos otra en uno de los talones y otra como boina de uno de los dedos. Me duelen bastante los dedos gordos y tengo un poco de malestar en un par de uñas, pero estas tienen buna pinta, así que no me preocupo.
Después de la ducha procedo al cambio de ropa y me enfundo unos calcetines lurbel de coolmax, pero estos son el último grito y bastante más espesos. Mano de santo y con el cambio de zapatillas junto a la vaselina, parece que todo marcha bien.
Como novedad acoplo el accesorio delantero de la mochila, al que paso todo lo que voy a necesitar en carrera. Así no tengo que parar a quitarme la mochila. Sólo dejo para atrás el cortaviento y los guantes. Así que geles, barras energéticas , credencial , pilas de repuesto y dos botellines de agua quedan colocados adelante.
Me dirijo “al comedor” dónde entrego mi mochila y me sirven un plato generoso de paella ¿Quieres más?. Me siento en un rincón a degustar la cena. Aparece en ese momento un marchador que me había adelantado antes de llegar al primer avituallamiento y que llevaba botas y tres pares de calcetines. No tenía muy buen aspecto, claro que viendo las fotos de la jornada, yo tampoco estaba para ir de boda, aunque me encontraba perfectamente.

Continúa....

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