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sábado, 29 de octubre de 2011

BIEL Y LA SIERRA DE SANTO DOMINGO

Biel
Tenía una deuda personal con esta zona y he tenido que volver casi dos décadas después para hacer una ruta en BTT   Lo cierto es que ha merecido la pena, pero una vez más me he vuelto a quedar con la inquietud de volver, en vista de las rutas de trail running que he podido intuir.
Sobre las 9:30 estábamos en Biel un grupo de seis bikers. Zambur ha “conseguido convencer “ a algunos amigos para que nos acompañen, aunque no las tienen todas consigo ya que sobre el papel son algo más de 50 km.

Falta el Fotógrafo

Hacemos la foto de inicio después de “un cafecico” y tomamos la ruta y con ella las primeras rampas. Es temporada de caza y hay movimiento de vehículos por las pistas colindantes. Despertamos con nuestro paso a mitad de ladera a un cazador que sentado en mitad del camino en una silla, dormita con la escopeta entre sus manos.
-Buenos días, no nos dispare Eh? . Hay mucha piedra suelta y las rampas nos han pillado un poco fríos.  Una vez despojados de la ropa de abrigo y de comer algo conseguimos entonarnos y podemos disfrutar del fantástico entorno  y pedalear en absoluta soledad. El paisaje, la vegetación y el aire que se respira, junto con unas temperaturas más bien frescas, hacen que rodar sea toda una delicia. Después de la primera subida el descenso nos lleva al collado de Fayanás . Más adelante pasamos por una zona recreativa dónde está el Pozo Pigalo, donde hacemos una breve parada.

Ahora la pista se torna llana y tomamos una carretera que nos deja en Luesia. El pueblo bien merece una visita, pero desgraciadamente no tenemos tiempo para ello. Algunos van justos de fuerzas y se plantean volver por carretera, pero finalmente deciden continuar (C2C). Lo que quedaba era una subida bastante exigente por pista muy  fragmentada  que muchos turismo utilizan para llegar hasta el refugio de L’Artica, que me da la impresión que es un merendero para domingueros. En plena subida y desconociendo por qué, me quedo sin cambios en el desviador delantero. Menos mal que se ha quedado engranado el plato pequeño. En lo alto de un collado y con un cartel que indica el descenso hacia Biel, alcanzo a Zambur, que ya lleva un buen rato esperando y que se ha comido y bebido todo lo que tenía encima “no quiero saber nada ni de barritas ni de geles, estoy saturado”.
Z y F sobrevivieron a los caballos

Mientras comentamos que vamos a hacer, aparece otro compañero, que decide esperar al resto para ya bajar al pueblo.  Zambur y yo subimos hasta el alto de Puigmoné, en otra rampa demoledora de unos 3 kilómetros. Allí recupero milagrosamente el cambio delantero. Menos mal porque me veía bajando en plato pequeño. Las vistas desde el alto son impresionantes, con todo el cordal de Santo Domingo a la vista. Cómo suele ocurrir, las fotos no pueden mostrar la sensación percibida. Tomo un poco de isotónico y de vuelta.  Indescriptibles las vistas, creo que lo ya lo había dicho ¿no?. El descenso podría haber sido fulgurante, pero la gran cantidad de piedras, como cantos rodados de los ríos, y la arena, hacen que seamos prudentes en la bajada.  A todo esto se suman las roderas que crean los 4x4.
También hay caballos pastando , pero están bastante apartados del camino. Desconozco el motivo, pero un potrillo se lanza a por nosotros y detrás su madre. Luego nos estuvieron siguiendo un rato paralelamente a la senda y no  precisamente con buenas intenciones. “la madre que los p..”
Todo es de bajada, pero en un desvío erramos el track y tuvimos que intuir el sendero, aunque me temo que todos los caminos llevan a Roma, como así fue. Ya de vuelta en Biel, nuestros compañeros de fatigas parten a toda prisa, puesto que habían quedado en el Monasterio de Monlora a comer con sus respectivas familias.
Nosotros nos cambiamos tranquilamente y nos desplazamos hacia Ayerbe, para retomar al día siguiente la bicicleta por la Sierra de Loarre.
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