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miércoles, 16 de mayo de 2012

Maratóimitja 2012 (II). La crónica


Preliminares de salida
Desayunando en el hotel, el comedor estaba en plena actividad y con la casi totalidad de las mesas ocupadas.
-Más café, por favor. Todo trascurre su curso con normalidad, ¡Salvo que son las cuatro y media de la madrugada! y nos hemos levantado un trato antes para vestirnos y comprobar que no olvidamos ningún detalle.
A las cinco espero a que Salva pase a recogerme para ir a la salida  y pasar los controles pertinentes.
Entrega de la bolsa de meta, con unos calcetines, una camiseta, cortavientos y una barra de proteínas.
-No hace falta que pongas nada de comer, porque te dan de todo, dice Salva.
Por cierto,  le pregunto yo ahora -¿Me has traído las pastillas de loperamida que te dije?, porque las mías las he confundido con la medicación de la alergia.
-¿Eh? ….  Creía que lo habías dicho de broma… no, no he traído nada..  ¿de verdad que lo decías en serio?
-Tranquilo, si me hacen falta ya buscaré un puesto médico de la organización.
Comprobamos que nuestros chips son detectados por la alfombra y Salva pasa el control de material de la ultra de 115. Luego, nos separamos para calentar, reflexionar y hacer los rituales personales de cada uno. Luego le volví a ver en la salida, pero a los pocos centenares de metros ya le perdí entre la multitud.
¡Menos mal que me recomendó no apretar al principio y que él iba a hacer lo mismo!
Yo tenía que tomar mis precauciones porque había estado las dos últimas semanas con muchas molestias musculares, sobretodo en forma de calambres y pinchazos, pero decidí no utilizar ni la compresión de cuádriceps, ni la de gemelos, aunque estaban dentro de la mochila por si aparecían de nuevo las molestias.
El Garmin me avisa de los parciales  y voy según lo previsto. Más o menos entre 6:30 y 7:00 min kilómetro.
Todavía vamos en grupo y corremos esperando el amanecer, aunque esto implique la salida del Sol y con ello la subida de temperaturas.
Se acaba el terreno firme y comienza una subida, por lo que la carrera se bifurca en dos posibles caminos. Tomo el de la izquierda, tal y cómo me recomendaron, para evitar colas y retenciones. Subí manteniendo el ritmo y sin demasiados agobios. Esperaba el avituallamiento pero todavía quedaba un rato atravesando una cantera.
Había partido con más o menos un litro de líquido, la mitad isotónico, así que sería suficiente.
Al llegar al avituallamiento me encuentro que hay rosquillas y moscatel… pero nada de agua.
Así que una vez más voy a seguir mis propias reglas en cuanto al agua se refiere. A partir del siguiente control iré cargado ya de agua a tope, al menos en la mochila de hidratación (2litros)
Descalzo y minimalista

Esta decisión fue determinante para finalizar la carrera. También llevaba conmigo un tubo de tabletas de Isostar, lección aprendida de la Madrid Segovia 100km.
Luego pude comprobar y corroborar que el isotónico dado por la organización (Acuarius) no tiene ni en sueños la misma efectividad en carrera.
En el dorsal teníamos impreso el perfil del día y muchos corredores llevaban tablas con diferentes tiempos de paso y distancias.  La mayoría de participantes conocía muy bien el recorrido, puesto que había un gran porcentaje de repetidores, o había realizado los entrenos programados en la zona.
Yo seguí mi propio sistema para preparar esta carrera y que se basa en una premisa de mi recordadísimo amigo Jesús García Juanes…  No haber recorrido nunca ni entrenar por los parajes por dónde se va a pasar luego y estar preparado siempre para lo peor.
A esta carrera he venido a aprender y coger experiencia para poder realizar otras más complejas. Los 100 km de MadridSegovia fueron un buen aperitivo, pero me sobraron los 35 últimos kilómetros nocturnos. Ya sabía que llegaba de sobra, así que elegí esta MIM para hacer más desnivel  y condiciones más duras en menos tiempo.
Había estudiado muy bien la previsión metereológica y sabía que las temperaturas serían para ese día altísimas, pero de momento se corría en un ambiente hasta fresco.
Ahora en las bajadas los corredores aprietan bastante, así que yo hago lo mismo, pero con un punto de reserva, no vaya a tener una caída.
No hago más que formular ese pensamiento, cuando en sentido contrario pasa un corredor acompañado por alguien de la organización y con un brazo en cabestrillo….  Tiene mala pinta y su rostro está desencajado.
Más adelante y a pesar de que me encuentro bastante bien, veo que el desgaste de las bajadas puede pasarme factura muscularmente hablando y viendo que voy con colchón de km para el horario previsto (en torno a 11 h), decido hacer los descensos a partir de ese momento con más tranquilidad.
Finalmente llego a Useres con bastante calor, bien de ánimo pero con cierto cansancio y preocupación ante lo que quedaba por delante. Las temperaturas se acababan de disparar y un compañero de carrera me ha ido poniendo al día de lo que  quedaba.
El agua del camel  estaba como caldo y sólo pensaba en una cerveza bien fría en un bar.
En el control de Useres no me gusto el panorama que veía. Los participantes estaban con un rictus de sufrimiento, calor y cansancio tremendos. Me acordaba de Salva “no vayas muy deprisa hasta Useres, que luego se paga”.
Allí nadie hacía por salir de nuevo y estaban tumbados a la sombra o  bien en los bares cercanos, o con sus familiares que les habían ido a ver hasta allí.
Tomo el bocadillo y me pongo a la sombra. Unos minutos antes me encuentro a Salva, que ya retoma su marcha.
Mientras descanso un poco y viendo el calor que hacía, decido no pasar por el bar no vaya a ser que la pedazo de jarra de cerveza que me iba a meter para el cuerpo no me siente bien, porque queda por delante todo un mundo y algo más.
Tengo un buen colchón de tiempo, así que decido continuar despacio y sin prisas.
La subida es tremenda, el calor….  Es peor de lo que parecía. Menuda pájara que tengo, me decía a mi mismo, pero a lo largo de la subida, eran más los que bajaban que los que subían…
Madre mía, la gente se retira y todos en silencio, sin decir ni una palabra.
En el bidón delantero no llevaba isotónico y utilicé sus 500 cm3 en ir refrigerándome, lo que me daban unos segundos de refresco, que eran totalmente insuficientes. El agua del camel, a pesar de ser reciente, parecía sopa de cocido. Me doy cuenta que los bastones no los puedo tocar, más que por los mangos, porque me es desagradable su contacto.
El Sol implacable. A mitad de la ascensión comienza a pasarme muchísima gente.  Uno de los que me pasa, se detiene y vuelca todo su bolsa de hidratación encima de su cabeza.
Comienzo a asustarme porque no me encuentro nada bien. No son ni las piernas, ni la respiración, ni las fuerzas. Paro unos instantes y continúo a ritmo muy lento. Arriba en las cumbres se divisan unas nubes plomizas y cargadas de agua.
Alguna brisa me decía que esas nubes venían hacia nosotros, pero yo lo quería ¡ya! Todavía quedaba bastante para el avituallamiento líquido, así que tuve que hacer análisis de la situación para tomar una decisión
-Aquello seguía subiendo y subiendo, y llevaría un poco más de 40 km. Venga hombre, que tú eres centenario, así que te tiene que quedar fuelle de sobra en algún lado.
“Crom, Dios del Acero y de la lucha, se que te gustan las adversidades. No hay victoria más satisfactoria que todas aquellas al borde de la agonía. Te pido que esa tormenta que se acerca descargue toda su furia, aunque suframos un infierno de frío y lluvia.”
Poco a poco, y continuando con la ascensión lentamente, la pendiente se suaviza para luego volver a subir y llegar al avituallamiento.
Había decidido retirarme antes de llegar al control, pero allí no había alfombra del chip.- San Miguel está a 4 kilómetros y es todo bajada, me comenta la organización
-Pero antes de iros, ¿queréis una coca cola? También tenemos agua fría recién comprada porque se nos agotó hace un rato y hemos tenido que ir a comprar. (Veo un camión hasta arriba de agua embotellada).  También tenemos hielo.
Al ver el hielo, me relleno el bidón con agua y cubitos, al igual que el camel.  Lleno, por favor.
-Cómo quieras, pero para no ir cargado ahora, no te haría falta.
-Tú llena, le digo mientras como algo parecido a una coca y algo de bollería.
El agua fría hizo su efecto y comienzo la bajada al monasterio. Eso de que todo era bajada no es del todo cierto y en la subida me vuelven a fallar las fuerzas, pero llego.
La pena de las carreras de montaña es que pasas por sitios que merecen más que una pausa de 5 minutos, como es el caso de San Miguel, como sería luego Xodos y las faldas del Peyagolosa más tarde.
Allí había mucha gente y las bandejas del avituallamiento bien pulidas, pero quedaba un poco de todo.
Me pregunta la organización -¿Qué tal vas? Bien, no?
-Pues ….. si, si, voy bien. (Si me veía alguien de fuera bien es que no estaría tan mal, ¡¡digo yo!!).
-Te lo digo porque quedan diez minutos para el fuera de control.
-Pues me voy ahora mismo, pero ¡antes me como un par de lazos de estos de azúcar y un pantumaca! De agua voy lleno, así que allá vamos…
En la salida escucho… FAljauuu!! - Joder! ¿Quien sabe que estoy aquí? ¿Alguien del blog?
Giro la cabeza y veo a Salva  bien acompañado y recogiendo sus bártulos en el coche.
-Me quedo aquí…. ¡Tú disfruta!
-Debo de parecer que voy como una rosa, o la gente es encantadora por esta zona, o ambas cosas. ¡Vaya ideas  pasan por mi la cabeza!

Salgo a buen ritmo y comienzo la subida (aquí no se hace más que subir y subir…) pero las piernas no me van  tan bien cómo esperaba. Así que tengo que controlar la cadencia.
Miro el perfil de la etapa y queda tanto desnivel acumulado de subida o más que lo que había realizado, y las rampas iban a ser muy potentes.
Estoy haciendo el kilómetro de subida en 18 minutos, vamos, que voy a 3 por hora, y debo de ir a más. Tengo fuerzas todavía pero no para aumentar mi rendimiento. Vamos, que no me salen las cuentas para entrar en 15 horas.
Así que en Xodos voy a tener que abandonar. Una pena no poder llegar a tiempo.
Ahora tengo una buena bajada que desemboca en una pista forestal. Todo el cielo está cubierto totalmente. No, si al final va a caer la de Santa Bárbara y hasta hará frío.
En la pista forestal encuentro a un corredor cambiando el agua al canario.
-Qué tal majo! Ya nos queda poco! Me dicen
-Si, va a ser morir a la orilla, porque no entramos en tiempo. Yo abandono en Xodos.
-¡AAAAAMOOOOOS ANDAAAA! PERO QUE DIIIIICES!    ENTONCES A QUÉ HEEEMOS VENÍIIOOOO! VAMOS, NI S’OTOCURRRRRRA. NO ME JOOOODAAAAASSS.
Ese acento me resultaba familiar. ¿Eres navarro?
-Quien, ¿yo? ¡YO SOY MAÑO!
Uff,  ¿Crees realmente que llegamos?
-Qué sí hombre, que sí. Ahora, la cuesta del final es jodida.
Después de una animada charla, desconozco si por la euforia del momento, la bajada de temperaturas o por el auxilio de mi querida Virgen del Pilar, allí estábamos dando de nuevo caña para llegar a Xodos, que se veía a lo lejos.
-El control lo han puesto en la última casa del pueblo, nos comenta otro hombre.
Así que forzando la marcha, ya estábamos en menos de 11 minutos kilómetro, un buen ritmo a pesar de todo lo que llevábamos encima. Las rampas de Xodos eran muy fuertes pero llegamos al avituallamiento.
Había prácticamente de todo, y nadie decía nada del fuera de control. La lluvia caía con fuerza desde hacía un rato. Yo no me puse el chubasquero, aunque tampoco lo llevaba….
Aquello fue como la película Soldado Universal. Un enfriamiento que me recargó las baterías y afrontar la poderosa subida conjuntamente en una grupeta en la que íbamos charlando y yo cantaba el kilometraje, mientras que los que conocían el recorrido, iban describiendo lo que quedaba.
La lluvía, el aire y el frío ahora nos sacudían como esteras. Cuidado con lo que uno desea que lo puede conseguir. Yo en esas condiciones voy como la seda, como demostré en la LeónOviedo invernal en solitario.
Llegamos por fin al penúltimo control, la lluvia dejaba de caer. Buen recibimiento y muchos ánimos por la organización ¡AHORA SÍ QUE LO TENÉIS HECHO! Sólo quedan 3,4 km y son de bajada. (Me suena esa frase).
A partir de entonces, ya con tranquilidad y sabiendo que entrábamos, disfruto del recorrido , de los pajaritos, la temperatura….   Hay algo de barro, así que en las bajadas voy algo más despacio para evitar caídas, porque estas zapatillas en piedra mojada son como una cáscara de plátano.
Oigo a mis espaldas que alguien viene corriendo…..      Pues si que le da a alguien por correr ahora,  ya lo podría haber hecho antes…..  Me giro y veo venir al que fue ganador de la Ultra de 115 km. –Venga mucho ánimo, me comenta.
-Felicidades a ti campeón, te lo digo desde esta crónica, que es cuando he comprendido lo que pasaba!
Finalmente entrada en meta, dónde había un ambiente excepcional y no faltó ningún tipo de detalle. Entrega del chaleco de forro polar FINISHER, que me puse inmediatamente, después de cambiarme de ropa.
Antes de coger el autobús, una señorita de la organización se me acerca y me dice:
-Quería darte las gracias.
-¿a mí?
Si, tu eres el dueño de esta bolsa, no?
¿Ésta de Pipas Churruca?
Has sido el corredor que ha sido más comedido en la bolsa de meta y las hemos pasado canutas con las pedazo de bolsas y mochilas que nos han dejado. Tenías que haberlas visto.
-Muchas gracias a vosotros, que lo habéis clavao. Me voy de vuelta al hotel y ya no voy ni a cenar con todo lo que nos habéis puesto.
-No comas demasiado los próximos días y recuperarás mejor.
-Pues así lo haré. ¡Hasta la próxima!


¡Hasta el rabo todo es toro!

 







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