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viernes, 20 de abril de 2012

LA LEY DE LA MONTAÑA

El equipo de Carlos Soria sufrió la onda expansiva de una avalancha.
Carlos Soria está en el campo Base para intentar atacar el Annapurna. Durmiendo en el campo tres ha tenido que replegarse al campo base por la climatología y las avalanchas.
fuente y foto: Barrabes

Queridos amigos:

Los tres días que hemos estado fuera del campo base, aunque no hemos pasado del campo 3, nos han servido para ver cómo es el Annapurna en toda su realidad. Y también me han servido para darme cuenta que no es bueno dejarse llevar por la corriente. Yo siempre pensé que no era buena idea intentar subir a la cumbre con las informaciones meteorológicas tan contradictorias como teníamos. Pero cuando ayer estábamos en el campo 2, hablé con un grupo de alpinistas de la otra expedición: unos decían que había mucho viento y nieve, otros decían que iban a subir al campo 3. Al final nos decidimos y echamos a andar.

Por pensarlo mucho salimos bastante tarde, a las 7 de la mañana, en contra de mi actitud habitual en la montaña. Pero el Annapurna es como es, y aquí no se puede jugar con los horarios, sobre todo con nieve reciente. Al poco de empezar cruzamos el gran corredor de posible peligro. Pero debido a que ya era mala hora después de la nevada de la noche anterior, cuando estábamos fuera de peligro cayó una avalancha, que prácticamente no afectó a la ruta.

En esta salida hasta el campo 3 hemos visto la cara al verdadero Annapurna: la primera parte tras el campo 2 es un terreno mixto de roca y mucho hielo, con cuerdas en no muy buenas condiciones que hay que subir con mucho cuidado. Después viene un espolón de hielo muy bonito y muy vertical, que en algunos tramos es de prácticamente 90 grados. Subimos poco a poco, y llegamos en buen horario al campo 3, muy contentos y en perfectas condiciones. Allí acababa de llegar el canadiense Don Bowie, un alpinista que pese a ser muy fuerte tampoco las tenía todas consigo con respecto al tiempo que se avecinaba.

Estábamos a 6.400 metros, y empezamos a picar el hielo para construir plataformas para dos tiendas. En ese momento llegó Muktu, y nos dijo que ahí podría haber avalanchas, aunque parecía que lo que teníamos al lado era una pequeña ladera sin mayor peligro. A las 13:00 se puso a nevar, y a las 18:30 ya había medio metro de nieve. Efectivamente, como había predicho Muktu, se produjo un corrimiento de nieve que tapó parcialmente varias tiendas rompiendo alguna. No era una avalancha muy grave, pero era de noche y todo el mundo se asustó. Hubo otro corrimiento, y decidimos salir fuera, algunos estaban sin botas... era todo un caos. Los sherpas, como siempre, se portaron como leones: perdimos una tienda, sacamos lo más imprescindible, montamos la otra en un sitio más protegido por una grieta y tuvimos que meternos los seis en una sola tienda. Hemos pasado una noche terrible, incomodísima y muy fría, porque no hemos podido usar los sacos ni ponernos las botas. A las 11 de la noche dejó de nevar y, por si fuera todo poco, comenzó un viento huracanado que parecía que se iba a llevar la tienda volando. Prácticamente no hemos dormido.

Después de semejante noche, era una locura pensar en subir. Estábamos muy cansados, con las botas mojadas, y con nieve metida por todas partes. Así que esta mañana, viendo la cantidad de nieve que había acumulada en la montaña, sin haber descansado y con predicciones meteorológicas muy confusas, hemos decidido regresar al campo base. Todos los compañeros de la otra expedición que habían sufrido la noche con nosotros también han decidido bajarse. Hay un pequeño grupo de gente que iba un día por delante y han decidido continuar con oxígeno. Espero que lleguen a la cumbre, pero espero aún más que no les suceda nada malo.

Como demostración de lo peligrosa y cargada que está la montaña, justo antes de llegar al campo 1, en la conocida como la gran meseta del Annapurna, cuando ya pensábamos que estábamos casi en casa, nos ha pillado una enorme avalancha de nieve polvo, que por fortuna venía de lejos. Se nos ha echado encima y hemos tenido que soportar 5 minutos tumbados en el suelo hasta que pasara por encima de nosotros todo ese viento glaciar cargado de nieve.

Ahora ya estamos en el campo base. Desde luego que subir hasta el campo 3 ha sido una experiencia que no olvidaré y, como digo, me ha servido para recordarme a mí mismo que la próxima vez no me dejaré llevar y haré lo que me parezca más adecuado. Yo no tenía claro que fuera el mejor momento para subir, porque en esta montaña hay que esperar a que haga verdaderamente buen tiempo, a que haya un anticiclón. Porque tengo claro que con la montaña, y con el Annapurna en especial, está claro que no se puede jugar.

Un abrazo
Carlos Soria (Campo base del Annapurna; 19 de abril de 2012)
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